Aunque el turismo se ha consolidado como un motor económico para las naciones, en 2024 las visitas masivas a algunos países de Europa trajeron complicaciones para sus ciudadanos que terminaron en tensiones sociales y ambientales. Mientras territorios como Barcelona, Venecia y Ámsterdam implementan medidas para gestionar el flujo de visitantes, los residentes locales enfrentan el reto de mantener su calidad de vida y preservar su entorno frente a la presión de un modelo turístico que califican de «intensivo» e «insostenible».
El turismo masivo ha renacido con fuerza en Europa tras los años de la pandemia de Covid-19 que llevó a los grandes destinos de los viajeros a cerrar sus puertas al público. Ahora, ciudades como Barcelona, Florencia y Atenas han visto cifras récord de visitantes en 2023 y 2024, luego de que la inflación y otros flagelos económicos se hayan controlado medianamente.
En Italia, se registraron 134 millones de llegadas y 451 millones de pernoctaciones en 2024, contribuyendo con un 10,5% al PIB nacional según los datos oficiales, mientras en España, los turistas internacionales gastaron 31.500 millones de euros solo entre enero y abril de 2024, un 22,6% más que el año anterior.
Pero fue para la temporada de verano que el Viejo Continente vio cifras que no había registrado hace mucho tiempo y que, con ellas, llegó el enfado de unos ciudadanos que aseguran que la masividad del turismo es insostenible por los “daños colaterales” que este deja.
Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), en julio España, Francia e Italia fueron los países que más visitantes extranjeros recibieron; con llegadas de entre 7 y 10 millones de personas.

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