Finlandia, el país de la sauna y Papá Noel, cuenta en su gastronomía con un plato llamado mustamakkara (literalmente, “salchicha negra”) que tiene evidentes similitudes con las tradicionales morcillas que se consumen en muchos lugares de España. No es solo su color negro y forma alargada, sino sobre todo que la sangre de cerdo es el ingrediente principal. Además, se embute en tripa del mismo animal. Sin embargo, también tiene diferencias como la presencia de centeno triturado en su composición.
No obstante, la gran disparidad entre la mustamakkara y cualquiera de las morcillas hispanas es con qué se adereza y acompaña su ingesta habitualmente. Los fineses suelen comerla con mermelada de arándanos rojos y un vaso de leche fría. Sí, ha leído bien, un vaso de leche fría. Todo tiene su porqué.
Pero antes, hay que situarse. Los finlandeses son auténticos devoradores de salchichas (makkara, en finés) de las que cuentan con una inmensa variedad. Las hay clásicas de carne, ya sea de ternera, cerdo o reno; veganas, de patata, con picante o sin él, que incorporan queso… Las consumen tanto como plato principal como a modo de guarnición e, incluso, muchos la toman junto a una bebida fría tras disfrutar de una sauna. Entre todas ellas, posiblemente la más peculiar sea la mustamakkara por su historia.
Hay referencias de que un alimento parecido ya se comercializaba en algunos mercados del sudoeste de este país escandinavo en el siglo XVI, aunque la receta actual más extendida y popular es mucho más reciente, de finales del XIX. El origen, en todo caso, era la necesidad de aprovechar todas y cada una de las partes del ganado que se sacrificaba, como pasa en otros países con platos en los que la sangre de animales es parte fundamental.

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