Este año, el Ramadán ha coincidido con el marzo más lluvioso que se recuerda en Madrid, pero eso no ha impedido que la mezquita Baitul Mukarram se llene cada noche. Media hora antes de la puesta de sol, la comunidad musulmana de Lavapiés comienza a llegar con los abrigos empapados. Se pliegan los paraguas, se dejan con cuidado las mochilas mojadas de Glovo en la entrada y los zapatos húmedos se alinean con precisión en la estantería. Todo es parte de un ritual que marca la transición del bullicioso barrio exterior a la calma y la calidez de la mezquita.
Mohammad Fazle Elahi, fundador de la asociación Valiente Bangla y un referente de la comunidad musulmana en Lavapiés, recibe a los visitantes con una sonrisa. A los que vienen por primera vez los acompaña personalmente hasta las fuentes para las abluciones. “Cada año, durante el Ramadán, servimos hasta 15.000 comidas gratuitas a nuestros hermanos”, explica. En España viven más de dos millones de musulmanes, de los cuales unos 300.000 (el 13%) están en Madrid, según el informe de 2024 del Observatorio Andalusí. Muchos de ellos se encuentran en el barrio madrileño. “Todo esto se financia con donaciones durante el año y con el apoyo de los comercios locales. Aquí somos comunidad”.
En apenas media hora, unos 500 pares de pies descalzos han pasado por las fuentes de ablución y han regresado a la sala de oración, donde la mullida alfombra azul los acoge en filas perfectamente ordenadas. La logística es compleja, pero fluye con naturalidad gracias a Elahi y sus compañeros. Frente a cada persona, sobre la alfombra, ya espera un plato preparado. Apenas se pone el sol, la llamada a la oración marca el final del ayuno y el comienzo del iftar, la primera comida desde el amanecer.

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