fortalezas que protegen de la miseria y las mezquindades de la vida cotidiana, la representación de un mundo mejor. Si a esta tesis de Auster, sustituimos un edificio estático por un tren de 1923 en movimiento, tenemos el Transcantábrico, uno de los 14 trenes de lujo que circulan por el mundo. Un legendario tren que, junto al Costa Verde Express y el Al Ándalus, conforman las tres opciones que ofrece Renfe en este escaso mercado.
El Transcantábrico une San Sebastián con Santiago de Compostela en un trayecto de 8 días por 18.500 euros por pareja (una persona 16.000 euros) en una de sus 14 suites. También disponen de itinerarios cortos, de tres días, como el Costa Verde Express, que une Bilbao con Oviedo, a un precio de 4.600 euros. Los precios en ambas opciones incluyen alojamiento en suite, todas las comidas a bordo y externas, actividades, excursiones y consumiciones dentro del tren.
En contraste con este lujo, en la estación de Cabezón de la Sal, en Santander, es un sábado de mercado normal. Una mujer, cargada de bolsas, espera sentada en un banco. Otro hombre de unos setenta años, vestido con pantalón de pinza y camisa de manga corta, mira su reloj y se asoma al andén impaciente.
Estacionado en una vía, no pasa inadvertido el tren. En su coche restaurante, la maître Elena Pérez hace los últimos retoques. Revisa que las minutas del menú coincidan con lo que van a comer ese día los clientes (nunca más de 32 comensales), con delicadeza coge una copa de vino y la comprueba al trasluz, cerciorándose de que no tiene ninguna marca.

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