fermentación más consumida después del vino y la cerveza (aunque a considerable distancia), se incrementa notablemente en las principales zonas productoras, Asturias y el País Vasco. Es uno de los alicientes para los visitantes del Principado, donde se elabora el 80%, la inmensa mayoría consumida en la propia región. Su escanciado a gran altura, un notable ejercicio de destreza, incrementa su atractivo y potencia su personalidad.
Pero más allá del folclore, y el trago festivo y desenfadado en chigres y txokos, es una excelente ocasión para acceder a elaboraciones de alta calidad. Tanto escanciada a mano o directamente del barril (kupela), como servida desde cierta altura en el vaso, las nuevas sidras naturales asturianas y vascas van ganando terreno en la gastronomía, tanto con platos de la cocina costera, como ante los contundentes guisos de la comida casera. Todo ello explica que la calidad de la sidra experimente un notable auge.
La sidra natural es una bebida excelsa de marcada personalidad, que supera con mucho su condición de bebida ligera y refrescante. Puede equipararse a los buenos vinos blancos y, en muchos casos, cumple mejor papel en la mesa. Pero tiene que ser una sidra con cuerpo, cremosa, de gustos frutales, ligeramente desequilibrada en favor de la acidez, con una explosión refrescante en la boca, profundos aromas de manzana en un marco balsámico de notas tostadas, y vivo sabor agridulce
. El cuerpo y la acidez de la sidra natural no solo limpia, sino que también prepara las papilas gustativas, permitiendo que el guiso marino, por ejemplo un marmitaco, se convierta en un bocado sutil, profundo y ligero. Hoy, las sidras naturales elaboradas tradicionalmente en toneles de castaño se codean con las que utilizan modernas técnicas enológicas, fundamentalmente la fermentación controlada en acero inoxidable. Aunque el factor de calidad más importante es la manzana sidrera. Los llagareros cuentan con un amplio abanico de variedades autóctonas, 76 según datos de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Sidra de Asturias, cultivadas en algo más de 4.000 hectáreas (datos de 2022), donde operan 31 llagares certificados. Entre ellas destacan amariega, raxao, regona, xuanina, raxina, verdialona y durona de tresali.

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