La responsabilidad de representar a un personaje real, controversial, enigmático y con ciertas particularidades físicas o motoras, no es tarea fácil. Con frecuencia se corre el riesgo de caer en la imitación burda, en lo caricaturesco.
Lo acontecido durante los dos fines de semana de funciones de la obra “El gallo”, en la sala Ravelo del Teatro Nacional, pone de manifiesto ese compendio de observaciones.
Caracterizar al expresidente Joaquín Balaguer en el teatro ha significado para el actor Francis Cruz, no sólo un reto, también un compromiso total.
El actor se ha apoyado en un texto sarcástico, irreverente, con ribetes, obviamente biográfico; además, dramático y cómico y, a la vez, histórico, del dramaturgo dominicano Rafael S. Morla y la dirección de Fausto Rojas, con quienes ha formado un trío arriesgado, para llevar a buen puerto este experimento contemporáneo.
Francis no sólo memorizó el texto enrevesado y, en ocasiones difícil, de Morla, también se estudió al propio Balaguer en sus ademanes, sus expresiones y el performance con el que el político adornaba su oratoria; sin embargo, no pudo abstraerse de la morbosa tentación de caricaturizar al personaje.

«EL GALLO» Y SUS SIMBOLOGÍAS»
La mayor descarga subliminal de la trama recae en la famosa y enigmática Página en Blanco del libro “Memorias de un cortesano en la Era de Trujillo”. El Balaguer de Francis, de Fausto y de Morla se muestra inquieto, atribulado con el significado que pudo tener en el asesinato del periodista Orlando Martínez en el año 1975 y su esfuerzo por evadir cualquier tipo de responsabilidad al respecto.

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